EL ALMENDRO, EL CANDELABRO

& EL SEPTENARIO

Mario Satz

 

Aunque el orden antológico de la Biblia sitúa primero la historia de Jacob que la de Betzalel, el artesano que hizo el candelabro o menoráh siguiendo, para ello, la visión de Moisés, desde el punto de vista de la luz misma el tiempo es irrelevante. Así como percibimos el resplandor de una estrella muerta, del mismo modo llega hasta nosotros -los vivos- la hierofanía luminosa que vivió Jacob en Beit El. Allí donde la famosa ´´puerta del cielo´´, shaar ha-shamaim del Génesis 28: 29 es denominada por el patriarca como ´´impresionante´´, ´´terrible´´ en el sentido de majestuoso, tanto que le hizo pronunciar la famosa frase: ´´Qué impresionante ( mah norá )es este lugar´´. Jacob, que para dormir ha apoyado su cabeza en una piedra u eben), tiene la impresión de que los ángeles descienden y ascienden en aquel lugar privilegiado para decir algo, de modo que al día siguiente de su sueño transformará la almohada o el cojín de piedra en un altar ungiéndolo con aceite. Gesto que todavía hoy, andando los siglos e incluso los milenios, repite el sacerdote católico sobre su altar u ara de piedra en el que, y en latín, solemos leer la inscripción del dicho jacóbico: terribilis ist locus iste. Lo que fue un sueño se transformó en un despertar, lo que fue una simple pero maravarillosa hierofanía se convirtió, en el ara cristiana, en un axis mundi, un eje cósmico en torno al cual gira el mundo de los creyentes.

Sabemos que Jacob iba hacia el este, el lugar ´´donde nace la luz´´. Ese lugar es denominado por la Biblia kedem, que significa tanto algo antiguo como previo, y ciertamente el patriarca iba hacia la tierra de su abuelo Abraham, Ur. Sin embargo, el vocablo kadima que significa adelante y está emparentado con kedem, indica que Jacob-quien será herido en el talón tras su lucha con el ángel-, peregrinaba hacia algo más que la tierra de sus ancestros, iban en pos de la visión que-en efecto-tuvo. Nada menos y nada más que un sitio denomina por el texto bíblico como Luz , que en antiguo arameo quería decir precisamente ´´almendro´´. No será esa, empero, la única vez que el almedro aparezca en la Biblia para señalar algo transcendente: lo verá el joven Jeremías y lo evocará San Pablo en relación al Santo de los santos.

El almendro, que florece entre los meses de febrero y marzo y anuncia, de modo inequívoco, la luz de la primavera cuando nada la hace suponer cercana, tiene flores rosas y blancas y abría su flores en una época en la que la Biblia favorecía las bodas y los enlaces, de modo puede considerarse el árbol del amor, del deseo renacido de la tierra por un sol que no tardará en calentarla. Su nombre era y es shaked , palabra que tiene las mismas letras que kadosh, lo santo, lo sagrado. Dado que Moisés, que vivió aproximadamente en el siglo XIII antes de la era común conocía la historia de Jacob y la importancia que para su antepasado tuvo el sitio del almendro, no duda en ligarlo a la forma del candelabro en el libro del Exodo 25 : 33. El término hebreo clásico para ese instrumento que sostiene la luz es menoráh , que, como puede percibirse, tiene un parecido sorprendente con el mah norá o ´´qué impresionante´´ de la visión de Jacob. Si se comparan ambas expresiones se descubre algo notable:

Mah norá Menoráh
Qué impresionante Candelabro

Las dos expresiones sólo se diferencian por una letra: la alef. El Infinito de la primera letra, presente en la visión jacóbica, se ha convertido en o ha sido suplantado por la letra vav ( W ), el hombre o bien el Hijo del Hombre, tout court. Lo que había sido una hierofanía aparecerá, más tarde, como una antropofanía o visión humanizada que continúa y prosigue el efecto transfigurador de esa luz.

Mosiés ordena que los brazos del candelabro sean meshukadim, es decir que tengan relieves ´´almendrados´´ o bien que figuren en ellos esos frutos tan simbólicos e importantes para Israel. De manera que, y cada vez que se enciendan los candelabros, también Jacob esté presente en su luz. Obviamente para la tradición cristiana no sólo estarán Jacob y Moisés sino también Jesús.

En la época del profeta Jeremías, pues, el candelabro asociado al almendro estaba en el Templo de Jerusalén y cada una de sus llamas aludía o representaba, dice Zacarías, los ´´siete ojos de Dios´´, los cuales y en ese contexto no son otra cosa que los siete planetas ligados a nuestra semana: Luna-lunes; Marte-martes; Mercurio-miércoles; Júpiter-jueves; Venus-viernes; Saturno-sábado y Sol-domingo. El pasaje en el que el joven profeta lo ve es muy significativo del valor programático del almendro. ´´Jeremías-dice el Creador en el versículo 1: 11 del libro de citado profeta-¿qué ves? ´´( Y la respuesta no tarda en llegar).´´Veo una vara florida de almendro ´´, makel shaked aní roéh. ´´Bien has visto, dice Dios, porque así apresuro ( shoked ) Yo mi verbo para que hacer que se cumpla mi obra. Siendo, las palabras shaked y shoked, almendro y apresuro o bien hago cumplir, entidades emparentadas con la misma raíz, kadosh, lo santo, lo sagrado.

Sagrado, kadosh Almendro, shaked


Sin embargo aún hay más: shaked también quiere decir estar atento, vigilante, alerta, exactamente como el árbol que-mientras todo duerme en el invierno de su correspondiente estación-despierta para anunciar el futuro. Paralelamente, el fruto de la almendro o almendra representará, en su cáscara y para el cristianismo, a la Virgen Madre, luego convertida en Iglesia, mientras que su fructus ventris suo es el mismísimo Jesús. En otras palabras: la almendra comestible es el Cristo, porque su naturaleza divina está escondida en su naturaleza humana.Y también es, anota Adam de Saint Víctor, misterio de la luz, el objeto de contemplación, el secreto de la iluminación interior.

En el Thesaurus o diccionario de Henri Etienne se lee que el amandalos o la almendra alude a lo oscuro, invisible, a todo lo que es interior. Entre los clásicos griegos la almendra estrujada representaba, por otra parte, la leche o eyaculación fálica de Zeus en cuanto potencia creadora. Relata Pausanias que en el curso de un sueño Zeus (el Vivo, el Viviente), perdió semen debido a una polución nocturna, el cual, ya en tierra, dio origen a un ser hermafrodita llamado Agdistis, al que Dionisios hará emascular naciendo, de sus partes caídas, el árbol que aún hoy llamamos almendro. Al mismo tiempo, un fruto de ese árbol dejó encinta a la hija del dios-río, Sangarios, que lo había colocado sobre su seno.

Por último, leemos en Hebreos 9:11 : ´´Porque el Tabernáculo ( kodesh ha-kodahsim, expresión en la que late, oculto, el almendro o shaked ) estaba dispuesto así: en la primera parte del lugar santo estaban el candelabro, la mesa y el pan de la proposición. Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Santísimo, en el cual había un incensario de oro y el Arca del Pacto cubierta de oro, junto a la que había una urna de oro que contenía el maná, y la vara de Araón reverdeció.´´ Siendo, como es natural, esa vara una rama de almendro en la que se sintetizaban todas las esperanzas luminosas de Israel.

Mario Satz